miércoles, octubre 18

Una ley contra el sentido común. ¿Cómo equiparar lo diferente?

imageSiguiendo los comentarios a la ley de contratos de las administraciones públicas, se concluye que más busca crear una nueva realidad que adaptarse a las reales capacidades de los trabajadores. Es un proceso imaginativo.


Una ley contra el sentido común. ¿Cómo equiparar lo diferente?

Pero lo referente a la integración social y la paridad de funciones requiere una consideración acorde con la tipología del trabajo que se ha de desarrollar. ¿Nos imaginamos una rampa en los andamios de la rehabilitación de una fachada? Es razonable que las mismas razones médicas que eximen de la idoneidad para determinados trabajos a personas con determinadas incapacidades estén en vigor en este sector. Al mismo tiempo sería negar la verdad de la diferencia física determinada por el sexo no tener en cuenta lo oneroso de determinados trabajos para las mujeres. Si bien no se puede negar el derecho a que trabajen si lo desean, deberán competir en igualdad de condiciones por el trabajo que van a desarrollar. No podemos ideologizar el mercado de la construcción.

Sería bueno que surgiese una voz disidente que comience a decir que el sexo femenino es femenino, y eso es natural. El trabajo oneroso no es el más adecuado para ellas, salvo que nos atraiga el ejército de amazonas, que no existió, la mujer barbuda, y similares rarezas de la naturaleza.

Una sociedad sana es la que contempla la realidad con los ojos de esa realidad (Perogrullo); no la que, por ideología, se olvida de que las diferencias entre hombre y mujer no son alienantes para uno y otro; como tampoco lo es el distinto grado de inteligencia entre dos personas; la raza; la altura. Esos condicionantes físicos y psíquicos nos habilitan mejor para una tarea u otra. Si necesitamos un jugador de baloncesto no discriminaremos a un pigmeo porque lo excluyamos del equipo nacional formándolo de batusis. Es que si jugamos a baloncesto lo hacemos para ganar. Y si cargamos sacos de cemento lo hacemos para trabajar. ¡Basta de hipocresía y de mentira! Nos lo agradecerán ellos y ellas. Y, también, aunque no esté de moda, también nuestros hijos cuando vean a su mamá guapa y a su papá fuerte; pero ambos inteligentes y alegres.

frid

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