sábado, enero 19

Corrupción stop



Todos intuíamos algo sobre la realidad de Bárcenas, no parecía trigo limpio. Lo que no imaginábamos es la cantidad tan enorme de recaudación presumiblemente corrupta organizada alrededor de  su persona.

Algo huele mal en Dinamarca, pero no es el PP ¡son las personas!, ante cuyas sedes se manifestaron gupúsculos de izquierdas olvidando de ayer para hoy la enorme trama de corrupción de la Junta socialista de Andalucía, o los escándalos del desconcertante Pepiño.

También huele mal que el órdago independentista surja al desatarse la trama Pujol en Cataluña. Una huída hacia adelante e insolidaria.

No parece que se libre ninguna institución... pues también tenemos los duplicados de la seguridad social, la burbuja inmobiliaria, y tantas cosas que muestran que la corrupción política no es más que el reflejo de la falta de ética de muchos ciudadanos españoles. ¿Acostumbrados a pensar que los dineros del Estado no son de nadie?, que es de espabilados hacerse con ellos por rendijas o por maletines?

Duele ver que estos hechos surgen cuando la ciudadanía está clamando por una nueva clase política en la que la ética sea su base. Puede ser que estos hechos, anteriores a la constitución del gobierno popular de Mariano Rajoy, nos duelan. Pero ¿querríamos tenerlos escondidos, pudriendo por dentro las instituciones y la confianza de los españoles? Casi es mejor que pasemos esta gripe ahora y rápida. Y, como dice Cospedal: “que cada uno pague por sus obras”; pero ¿no habrá muchos escondidos en sus armarios, sin intención alguna de salir a la palestra?

No está mal sufrir si es para sajar y extraer el pus que puede matar el organismo vivo. La democracia es una aventura ¡tan maravillosa! que vale la pena introducirla en la mesa de operaciones por vía de urgencia. Y depurar, depurar, depurar, sin miedo y sin llevarse a engaño.

Aquí no vale el “y tú más”, pues los ciudadanos honrados quedarían perplejos y pedirían que “vengan otros, otras siglas, otras personas”, que no estén manchadas. Pero ¿acaso esas nuevas siglas serían la garantía de pureza?

Pienso que el relativismo ético, el socavar los fundamentos de las virtudes humanas, el desprecio a la vida humana, la consideración de que la “verdad” se construye desde la mayoría y no es posible encontrarla observando la realidad y la propia naturaleza humana, hace que esos nuevos, sin “valores” acaben siendo como los antiguos: corruptibles.

España está harta de políticos que se miran a sí mismos, que reclaman un Estado soberano contra toda justicia arrancando un pedazo de nuestra nación para ocultar su corrupta trayectoria política; también está harta de ese 3%, de esos maletines, de ese pago de favores para ser adjucatario de contratos con el Estado, con las Autonomías y los Ayuntamientos.

La esperanza cuesta, en estos momentos. Yo no la pierdo, pues conozco mucha gente honrada, mucha base del Partido Popular desinteresada, entregada al bien común, unas personas realmente buenas. ¿No será el momento de primar a esa base y cambiar esas oligarquías anquilosadas, que dentro de un entramado de intereses, son incapaces de purgar la escena política de la corrupción? ¿No será el momento de cambiar las ternas y que ser político, si hay presunta corrupción, implique la aceleración del sistema de Justicia?

Federico Rodríguez de Rivera