lunes, febrero 11

Sede vacante anunciada

Esta mañana nos hemos enterado de la intención de Benedicto XVI de renunciar al pontificado, justamente a finales del mes, el 28 de febrero. Ha decidido por el bien de la Iglesia pasar el relevo a otro Papa, más joven, pero que tendrá que ser santo, capaz, prudente y fuerte.




Desde ese día, volverá a ser el Cardenal Ratzinguer, ex-Papa, Pedro pasará su sucesión a Pedro, algo hasta ahora no habitual, pero no extraño.



El mundo contemporáneo va muy deprisa. Los nuevos tiempos requieren agilidad y eso es propio de la juventud y de la madurez. También necesitan santos, jóvenes, maduros y viejos, que recen y hablen de Dios. Probablemente Benedicto XVI pase al equipo de los rezadores. Será como un Ángel bueno intercediendo por sus “hijos”, pues seremos para siempre hijos suyos.



Sin embargo nos deja una tarea a partir de hoy: rezar por el que le venga a sustituir y por la Iglesia en estos tiempos nuevos, quizá más nuevos de lo que algunos pensamos. Tiempos de globalización nunca soñada, de acceso a la información, que no a la formación, impresionantes; pero también tiempos en los que la vida humana es manipulada de modo increíble desde el estado embrionario.



Ciertamente necesitamos un guía moral fuerte también físicamente, pero aunque no lo fuera ¿no ha de contar con la gracia que arropó a Pedro en su momento de debilidad? Sea el que sea, tendrá el brazo de Cristo que le levantará en las aguas procelosas del siglo XXI. Y, espero, muchos estaremos ya con él para lo que sea necesario, eso sí, con la ayuda de Dios y de su Madre, no vaya a ser que alguno piense que superman existe.



Federico Rodríguez de Rivera