viernes, julio 5

Socialismo estructurante


Hoy en día, con la caída del Comunismo parece que el marxismo ha desaparecido y que nos hemos librado de una filosofía y un sistema nefastos para la humanidad. Sus frutos en busca de un paraíso terrenal se cuentan en millones de seres humanos sacrificados.

Sin embargo, si uno comprueba cómo hemos ido estructurando la sociedad, puede sospechar que las cosas no son tan sencillas, que hay elementos que, por ósmosis, han entrado en el pensamiento contemporáneo e invaden nuestras instituciones, aunque de un modo sutil y formando el "pensamiento correcto" del que discrepar cada vez es más difícil.

Y es que el método cambia, pero la finalidad: "la felicidad en esta tierra" de una "nueva humanidad" sigue con toda la contradicción que esos términos tienen, pues es un buen slogan para un fin imposible.

Los métodos socialistas y comunistas eran prácticamente iguales al escindirse las dos internacionales, eran dos clubes que jugaban a lo mismo y con las mismas reglas. Su rabiosa revolución se hizo notar donde actuaron y, en España, su acción no fue nada ejemplar. Basta ver la cantidad de muertos por motivos religiosos. La fe era un riesgo para la vida.

Posteriormente democracia y "democracia orgánica" se separaron. Y los métodos socialistas eran democráticos en el acceso al poder, a veces ayudados un poco por algaradas, su visión del hecho religioso era más parecida a la de la masonería: "puedes pensar y creer lo que quieras siempre que te lo guardes para ti".

Hoy es todavía diferente: aparentemente no hay ideología en el socialismo. Y muchos de sus presupuestos mayoritarios son asumidos y defendidos por gentes o partidos conservadores. La libertad de decidir se ha convertido en la razón de Estado y, curiosamente, eso podría hacer pensar que hay más libertad que nunca y que el socialismo ha cedido el paso al liberalismo.

Pero eso tampoco es así. La decisión sobre la que nos dan libertad va encaminada al placer, al sentir, y no para todos. Los no nacidos no tienen derechos.

Esa libertad ¿es liberalismo?, pienso que es "libertarismo", "anarquía con el cuerpo", pero que después se golpea contra otros derechos a decidir que se nos están negando: la educación, la sanidad privada, la elección de un matrimonio indisoluble, etc. El igualitarismo no acepta una educación diferenciada, ni una elección en la enseñanza libre con los mismos derechos de todos y a los mismos costes.

La "defensa de lo público" de hoy no es mas que la imposición social de los frutos del más puro socialismo. Enseñanza desde el Estado, Sanidad y solidaridad paternalista desde lo público. Por eso la batalla por el nuevo orden socialista no es virulenta. Basta seguir esa corriente de pensamiento correcto: lo público es del Estado, y el Estado es del Partido. La ideología la imparte el Estado y es la ideología de ese partido.

Y eso ¿tiene algo que ver con el paraíso en la tierra? Si se inculca la salud como bien último y el bienestar igualitario al margen de los méritos, tendremos los ciudadanos clónicos y saludables, que cuando pierden la salud o no pueden decidir sobre ella son eliminados: aborto y eutanasia. El mundo es "feliz" a la fuerza. Y la religión al "despertar" el sentido de culpa y de pecado va contra los tiempos. Y al juzgar moralmente la elección en materia sexual también está violentando el "derecho de decidir".

De todos modos, los que son más felices no son los que aspiran a ese paraíso terreno sino los que, entregados al bien común y a los ciudadanos con los que conviven, buscan ganarse una plaza en la "felicidad eterna"

Tardaremos un tiempo, pero habrá que corregir el socialismo estructural en aras de proteger la libertad más radical: la de pensar, la de formarse, la de constituir una familia, la de educar a nuestros hijos con nuestros propios valores, la de los niños no nacidos, la del valor de toda vida sea de un ser saludable como la de un enfermo.

Federico Rodríguez de Rivera