miércoles, marzo 10

La batalla del siglo XXI

Decía un gran amigo mío que los hombres, cuando les viene una idea a la cabeza, por peregrina que sea, la intentan experimentar aunque sean nefastas las consecuencias.

La curiosidad de los niños provoca incendios. La racionalidad de los adultos lleva a afirmar: "experimentos con gaseosa", pero aún así nos comportamos como niños.

Hoy Occidente ha tomado al vuelo una idea "progresismo" y, aunque hable de pensamiento débil, de imposibilidad de conocer la verdad o de relativismo ético, los sabios de este siglo se han propuesto implantar ese nuevo experimento, eso sí, de modo pacífico.

Su paz no es la de la posesión del bien, o el descanso merecido del guerrero después de la batalla, sino más bien un estado sin sobresaltos en el que puedan manipular a la humanidad de un modo tal como nunca se ha hecho hasta ahora.

Su paz es "la cocción a fuego lento".

La revolución es impresionante, con perfiles definidos e ideas claras, no débiles, si bien tan claras como erróneas, y con una infinita seguridad de que ni están dando ni darán la felicidad a ningún ser humano.

Sus ideas podrían ser:

Soledad a la que llaman "individualismo". Individuos sin familia, sin amor estable, sin código moral. Y al final robots con una pizca de inteligencia sumisos a la voluntad de la mayoría.

Hombre como voluntad soberana, una infinita soberbia que niega toda atadura, en especial con Dios. De criatura a creador de su propia identidad. Y, como hay tantas identidades creadoras como seres humanos, un parlamento impositor que decidirá la identidad de la mitad menos uno que discrepen de su proyecto. De la soledad, del individualismo y de la voluntad soberana se llega a la Dictadura Parlamentaria.

Felicidad como placer y salud. Abandonado Dios, abandonada la transcendencia, sólo es real lo tangible y material. Y así el fin del Estado no es el Bien común como un estadío en el que cada uno puede buscar la Verdad y el Bien, sino como un sistema encaminado a proporcionar el máximo placer mientras la vida se mantenga saludable. Mientras estás en el seno de la madre dependes de su voluntad para vivir, cuando enfermas o pierdes la salud tu vida "no es saludable" y, seguramente el Estado se encargará de eliminarte pues en tu soledad sólo de él serás dependiente.

Y bastan esas las tres ideas claras y distintas para entender el proyecto social del progresismo, y saber contra qué enemigo nos enfrentamos.

Por eso algunos estamos empeñados en subir de sopetón la temperatura de la cazuela, para que, al menos, así, de golpe, nos demos cuenta en qué estamos consintiendo al otorgar el mismo valor relativo a la muerte de un niño inocente en el seno materno que el mantenerle en vida; el destruir una familia con el divorcio que el intentar ayudarla a superar sus dificultades; el regirse por el placer del momento que el obrar pensando en las repercusiones sobre los otros de nuestros actos.

La batalla de nuestro tiempo está en entonar el "no da igual", el "no es lo mismo", el "no todo es igualmente válido". O en positivo: Sí a la vida, sí a la familia, sí a la libertad y sí al compromiso de nuestros actos. Y, por supuesto, sí a aceptarse como ser creado, y aspirar a los bienes eternos.

Y esta batalla está dejando ya millones de muertos: niños abortados por sus propias madres, enfermos ayudados a morir por sus propios familiares.

Por eso es tan urgente actuar y exigir a nuestros representantes claridad en sus ideas, no vaya a ser que estén en el bando contrario.

frid

3 comentarios:

dimas dijo...

muy bueno frid

un abrazo

Psiconauta dijo...

buen blog.
visita http://psicoweb.blogspot.com/

cartapacio.liberal dijo...

Gracias por todo, Psiconauta