jueves, septiembre 11

Reflexiones referentes a una estrategia para el cambio social.

Los líderes actuales no están a la altura de lo que les pide la sociedad, su capacidad de escuchar está muy mermada, su ideología es clara, antihumana, y -además- está de moda. La "ideología de la muerte" es el nuevo progresismo. Pero es que ellos mismos no tienen ideas, son muertos vivientes. Sus planteamentos son los estertores de una cultura caduca, y caduca porque ha renunciado a sus raíces.


Para http://www.aragonliberal.es/

Me niego a ser negativo, pero veo que hay una enorme corriente de agua contaminada que surge de alturas encumbradas y que riega nuestra sociedad. Un ejemplo de encumbramiento artificial: el comité de expertos para modificar la ley del aborto en España. Un ejemplo de aguas nauseabundas: la cultura de muerte, la exaltación del sexo y el sistema práctico de vida del "me apetece" o "así me va bien".

Son ríos de agua insolidaria, que no son capaces de empapar con lazos verdaderos de amistad y amor a las otras gotas y sólo introducen utilidad y desapego. Las demás gotas, que van juntas en el mismo río, sólo interesan mientras me aporten un beneficio.

Y esa masa insolidaria está regida por cumbres de las que se destila tanta contaminación que puede parecernos difícil el cambio social.

Algunos piensan que hay que ir a las cabezas, ¿qué cabezas? ¿los dirigentes? ¿los intelectuales?

Los dirigentes:
Los dirigentes políticos que imponen este sistema social de la cultura de la muerte parecen organizados. Además hacen oídos sordos a la razón y afirman que no existe la verdad, al tiempo que exaltan como paraíso al progreso, un progreso que pasa siempre por manipular el ser humano o por trivializar su vida. La gran víctima de estos líderes no es la Selva amazónica sino la inmensa selva de individuos humanos que escuchan alelados su discurso de "paz universal", de "paraísos de placer y libertad", de "promesas de futuro" y que van renunciando paulatinamente a su libertad de pensar y organizarse, y van perdiendo también las protecciones jurídicas a la vida humana.
Los intelectuales:

Los intelectuales han sido sustituidos por los líderes mediáticos, personajes fabricados por políticos y medios de comunicación y que hablan de futuribles científicos, de hipótesis poéticas, de medias verdades y que, al tiempo, en esa poesía pseudocientífica, sirven de apoyo del progresismo de los políticos, y afirman que somos sólo materia evolucionada, que Dios no es necesario y que la religión es un fanatismo que genera violencia.
Plantemientos obsoletos y sin esperanza.

Ambos elementos están sostenidos por relaciones de intereses y por prestigios artificialmente inflados y su cambio personal pertenece prácticamente al ámbito de lo milagroso. Están de vuelta, no quieren oír, niegan la capacidad de la razón para la búsqueda de la verdad o de principios éticos inviolables.

Son ciegos que guían a otros ciegos, desacreditados por su propia ideología para edificar un orden social basado en la razón y en el bien común. Son generadores, sin aceptarlo, de situaciones conflictivas cada vez más dramáticas: hijos sin padres, madres con el vacío del hijo que no dejaron nacer, personas solas sin amor, personas rotas por la escalada del placer y de la búsqueda de nuevas sensaciones, Sida, desesperanza y suicidios.
Necesidad de cambio.

Es claro que el cambio sólo puede pasar por el recambio. Y el recambio sólo es posible renovando las fuentes de agua contaminada suministrando agua limpia desde nuevas cumbres.

Es preciso un nuevo orden social construido desde abajo, reestructurar los grupos sociales, reactivar el movimiento cívico, integrar a personas de diferentes religiones y culturas en entidades que defiendan la vida, que ofrezcan alternativas a las madres con problemas, que escriban, que den conferencias, que monten entidades culturales, que vivan.

Sí, se necesita insuflar a ese río contaminado de la cultura de la muerte, gotas de agua que vibren llenas de vida, que aglutinen con amor y amistad, pero que no estén solas, que creen nuevas estructuras.

Es como un recomienzo, porque hay mucha podredumbre real en las estructuras que hemos dejado contaminar por las ideologías materialistas. Hay demasiado egoísmo, demasiado "pensar en uno mismo", demasiada pereza para poner en tela de juicio los eslóganes como para que uno sólo pueda tener capacidad de influir y cambiar tanta inercia.

Mi esperanza no surge de saberme ya en un collado, cercano a la meta, a punto de coronar la montaña... mi esperanza, es la de un caminante que va por el valle y se dirige al monte. Sabe que está ahí, que quizá no vea la cumbre altísima, pero que podrá comenzar la ascensión preparando vías de escalada para que otros continúen la tarea.

El cristianismo es algo que se forja generación a generación. La herencia que hemos recibido ha sido la de un siglo de confusión y de deslealtad, pero la antorcha siguió en su sitio dando luz. Los jóvenes han ido en multitudes a oír los mensajes de Juan Pablo II y de Benedicto XVI, mensajes que no tienen nada que ver con la cultura oficial de muerte. Ellos seguirán con ventaja desde donde nosotros hayamos desbrozado el camino. Y vendrán en masa, y el agua volverá a ser limpia, y los campos recuperarán su verdor... hasta que en el futuro, otra generación siga con el relevo en la mano corriendo hacia el cielo en la parte de tierra que les hayan legado.

frid

1 comentario:

dimas dijo...

I agree with you