martes, junio 13

¡Zapatero, te exigimos libertad en Cataluña!

Hoy nos desayunamos con que en Cataluña hay menos libertad, que a un lider político no le dejan expresarse en libertad en Granollers. ¿Quiénes son esos intolerantes? ¿tienen miedo a que se sepa la verdad de lo que preparan para Cataluña?

La razón se la están dando a Rajoy a a muchos que pensamos que el nacional-socialismo se está implantando en Cataluña. y, como no hay razón, se aplica la razón de la fuerza. Junto a Rajoy hay otro mártir de la libertad, el señor Espada, de otro signo político. Ambos defienden una Cataluña plural. Ambos reciben como premio el grito de ¡fuera!, ¡fuera! Es el grito de los cobardes a los inocentes. Y es la punta del iceberg del sistema que se están dando los catalanes.

Y aunque Zapatero pida perdón, que lo debe hacer, está empezando a mancharse las manos con gestos de la tiranía, no dejando expresarse en libertad al lider político de la oposición mayoritaria. Porque tiene responsabilidad al criar los odios y los extremismos. Son sus hijos, radicales, los que actuan y reciben una mirada comprensiva de la cúpula socialista. Lo terrible es que también sean hijos suyos los extremistas del norte, espero que no sea así.

Debe saber el presidente que el engaño y la trapacería no es algo que se pueda hacer impunemente, la gente acaba dándose cuenta, aunque esté costando porque algunos mienten y manipulan a los radicales muy bien.

Lo que ha conseguido es el obligarnos a gritarle: ¡Zapatero, queremos libertad! Quien lo hubiera pensado, que sus modelos, Evo, Chávez y Castro, sean los que le inspiran para tratar a los españoles.

Mi única duda es hacia donde se decantará la dictadura única catalana si no se pone remedio. ¿Hacia la izquierda radical de Carod o hacia la nacional burgesía?

Espero que los catalanes sepan poner remedio a todo esto y frenen a tiempo esa mala senda.

Federico R. de Rivera

4 comentarios:

JMM dijo...

Los primeros frutos del Tinell.



A los sabotajes y amenazas, que con motivo de la campaña del referéndum, sufridos por Ciudadanos de Cataluña, partidarios del "no", se han sumado las agresiones verbales a Mariano Rajoy y a otros miembros del PP.



No hace falta ser un muy avispado para advertir qué circunstancias han influido rotundamente en este clima que trata de llevar a los populares a la proscripción política. El primer hito fue sin duda el pacto del Tinell, una infamia democrática que prohibía a sus firmantes (el entonces tripartito catalán) llegar a acuerdo alguno con el PP, no sólo en Cataluña sino en las Cortes. Despropósito sectario que es consentido por el presidente del Gobierno, quien a su llegada al poder dijo que esta iba a ser la "legislatura del diálogo". Todo un profeta.



El "¡Fuera de aquí porque vas contra Cataluña!" que los exaltados gritaban a Rajoy es la traducción inmediata de los "Si gana Cataluña, no gana el PP" y "El PP utilizará tu 'no' contra Cataluña", con los que los socialistas han empapelado la Comunidad Catalana.



Se empiezan, pues, a ver las consecuencias de tan irresponsable y sectaria actitud, alentada por el partido que ha reído, justificado y alentado la "gracia" a Maragall y a Montilla. Si a eso sumamos el discurso maragalliano etnicista y clasista de la importancia de dónde se haya nacido, nos encontramos ante un panorama inquietante que quizá recoja, en esencia, el espíritu egoísta y sectario que recorre todo el nuevo texto estatutario y que, sin duda, erosiona la libertad de los no nacionalistas en Cataluña.
Jesús M.M.

Pedro P.I. dijo...

¿Oasis Catalán?


Toda sociedad democrática debe estar alerta frente a la aparición de grupos violentos que pretendan romper las libertades y los derechos individuales, parece que en Cataluña desde hace 3 años se ha perdido esta clara visión. Pues bien, no sólo en España sino también en Cataluña, esa alerta debe activarse con toda seriedad, porque la violencia política de la izquierda y del nacionalismo contra la derecha democrática no es ningún simulacro, sino un hábito agravado por la comprensión y la justificación que está recibiendo de responsables políticos con cargos institucionales de máxima relevancia. El PSOE y el PSC despreciaron las advertencias sobre los riesgos que provocaban sus eslóganes de la campaña catalana, que convertían el referéndum en un plebiscito contra los populares, azuzando sentimientos hostiles que ahora no sólo no se frenan, sino que se alientan al calor de la “catalanofobia” que el Gobierno de Zapatero ha imputado a los dirigentes del Partido popular.

La relativización moral de la violencia es el peor síntoma de la decadencia de una sociedad democrática. Cataluña no debe aceptar que la persecución de los no nacionalistas sea una norma de funcionamiento social y político. Como no puede aceptar pacíficamente la paulatina erradicación del bilingüismo, ni la beligerancia aldeana contra la más mínima presencia de lo español. Al “oasis” catalán se le están envenenando las aguas.


P.P.I

frid dijo...

Parece ser que hay un unánime clamor de la gente "que se para a pensar" de que "este estatuto no", porque no garantiza la libertad.

J.M.M. dijo...

“No és això, companys, no és això”

Ante las agresiones de las que han sido victimas algunos políticos no
nacionalistas catalanes con motivo del referéndum del Estatut, suena a puro
cinismo culpar a la víctima, como han hecho irresponsablemente algunos
dirigentes del socialismo catalán, incluso del nacionalismo tradicionalmente
calificado como moderado. Unos y otros piensan, como en 2003 y 2004, que
estas agresiones son la reacción que el propio PP ha provocado con su
estrategia política. Pienso que semejante explicación sólo alienta a los
violentos a perseverar en su táctica de limpieza ideológica de Cataluña,
donde a los discrepantes con el régimen establecido de consuno por
nacionalistas y socialistas sólo se les reconoce la opción del silencio o
del exilio.

El camino que lleva esta forma de entender -o de destruir- la convivencia es
extremadamente peligroso, porque a quien se le legitima la violencia luego
no está dispuesto a renunciar a ella. Y por esto mismo, por los daños que
está sufriendo el sistema de libertades públicas en Cataluña, su clase
dirigente, tanto la que gobierna ahora como el nacionalismo que espera en la
oposición, debería reconocer cuanto antes el grave error de seguir
identificando al pueblo catalán y a Cataluña con la ideología que sustenta
ese régimen. Esta actitud totalitaria, que confunde al pueblo con la
ideología, acaba criminalizando a los discrepantes y legitima la violencia
contra ellos como si fuera una sanción justificada y excusable. Siempre ha
defendido una Cataluña liberal y diferenciada, ahora desgraciadamente pienso
como aquel gran pensador español ante los desmanes de la Segunda República
“No es esto, no es esto” o la canción catalana “No és això, companys, no és
això”.

J.M.M