martes, agosto 22

Una confirmación: yo también soy egoísta.

Quiero ir al cielo, ¿por qué no?

El otro día, en esos diálogos de la red tan gratificante, una amiga de un blog nos acusaba a los cristianos de ser egoístas porque actuamos para ganarnos el cielo. Obramos por la recompensa.

Esa acusación me puso en guardia, porque ese esquema está en todo ámbito de la vida ordinaria. Dice el clásico “omne agens agit propter finem” (Santo Tomás, Summa Theologica, prima pars, questio XLIV, articulus primus). Pero no voy a seguir con latinajos.

Mi interlocutora es estudiante. Y supongo que me dirá que estudia para saber y, también para aprobar la asignatura. Tengo muchos amigos opositores, de esos que quieren vivir tranquilos con un sueldo del Estado; ellos estudian más que para saber para aprobar la oposición. Y buscan aprobar para vivir bien y mantener a su familia.

El marido y la mujer, en el mundo de hoy, trabajan ambos para llegar a fin de mes, pero también para pagar las letras del piso, comprar un coche nuevo, ir a la playa, comprar las papillas de Pepito y las ropitas de María.

No he visto a nadie equilibrado que estudie para pasar el rato, que trabaje para llenar el tiempo, ni tan generoso que regale por ahí el fruto de su trabajo. Primero, naturaleza obliga, trabajo para los míos, y también para mí, que también tengo necesidad.

Luego, si intentamos obrar bien y, con ello, ganar el cielo ¿hacemos algo extraño?

Porque no debe olvidar nadie que el cristiano es, como todos, muy humano.

frid

2 comentarios:

vitio dijo...

¿Egoísmo? Un verdadero cristiano es todo, menos eso. El cielo nos espera. Bueno, mejor dicho, a los que creen en él. Al resto, ya veremos donde nos repatrian.
Un saludo, vitio.

Marta dijo...

No creo que el egoísmo esté relacionado con la religión que profese cada cual, pero de todas formas, un buen cristiano -es como dice vitio- todo menos eso. Si algo reconforta a quien vive su vida conforme a la doctrina católica (que es, al menos, la que yo mejor conozco) es precisamente lo contrario: compartir. De hecho, tenemos ejemplos en cualquier misionero que haya dedicado su vida a los demás. Y sin ir tan lejos. Disfrutar del trabajo de cada uno con un sueldo respetable, disfrutar del dinero con caprichos, viajes, libros, juergas, o el placer inmenso de ver tu aprobado tras horas y horas de estudio, no es egoísmo, simplemente es algo merecible. Libertad individual, supongo. Somos humanos...
Saludos.