lunes, agosto 21

Una de perros pastores, no así los socialistas españoles.

No basta con querer hacer las cosas bien, no basta sólo con querer, hay que tener cualidades. Y, en política, entre esas cualidades está el gobernar para todos, el querer el bien de todos los súbditos.

Oak, en “Lejos del mundanal ruido” de Thomas Hardy, tenía dos perros para guardar su rebaño, George, un perro viejo y resabiad, y uno jovencillo, hijo de George, muy tenaz y vivaracho, con grandes ganas de aprender pero gobernado sólo por sus impulsos.

Una noche había dejado Oak que ambos perros se comiesen un cordero muerto, lo que no era normal en él. Era noche serena y húmeda, cuando “le despertó un eco extraño de una música familiar. El sonido de los cencerros era para el pastor lo que para otros es el tic-tac del reloj (...) Gabriel oyó aquel sonido con una violencia y una rapidez desacostumbradas (...) El experto oído de Oak sabía que lo que estaba oyendo en ese momento era una estampida del rebaño a gran velocidad”.

Gabriel busca el rebaño, no encuentra las doscientas ovejas preñadas, divisa una valla rota que limita una cantera. Y divisa “al perro joven, de pie contra el fondo del cielo: inmóvil y oscuro como Napoleón en Santa Elena”. Teme y ve lo peor. Y acepta el hecho con la serenidad propia de un hombre maduro: “Gracias a Dios que no estoy casado. ¡Cómo habría encarado ella la pobreza que ahora se cierne sobre mí!”.

A su lado se agita el perrito, el hijo de George, que “convencido de que su misión era la de correr en pos de las ovejas, cuanto más mejor; y habiendo dado cuenta del cordero muerto, lo que quizá le proporcionó el ánimo y el empuje necesarios, reunió a las hembras preñadas en un rincón, condujo a las tímidas criaturas primero a través del seto, luego campo arriba, y luego, por pura inquietud, les proporcionó el impulso suficiente para romper un trozo de la valla podrida y precipitarse hacia el abismo”.

Y la conclusión: “El hijo de George había cumplido con su trabajo tan a conciencia que se le consideró excesivamente bueno para seguir con vida, y lo cierto es que fue trágicamente apresado y abatido de un disparo a las doce de ese mismo día”.

El perro era el pastor. El rebaño era la fortuna de Gabriel, pero por su ineficacia, por su juego, perdió las doscientas ovejas y otras doscientas en ciernes. Sólo dejó vivos los borregos.

Por jugar al símil, Galicia arde en un 8%, sus bosques, por la ineptitud de sus gobernantes actuales. España ve excluida de la vida pública a la mitad de sus habitantes, se gobierna contra ellos intentando arrinconarlos ante la cantera. Las Comunidades autónomas presididas por los socialistas, salvo Aragón, juegan a correr fuera del redil y a no retornar al mismo.

El perrillo Zapatero va feliz y sonríe, sonríe y sonríe. Y cuando ve a Rajoy le dice ¿por qué andas triste, hombre de mal agüero? ¿No ve lo pronto que he aprendido mi papel de perro pastor?

No señor, lo que has hecho es, más bien, de perro carnicero.

frid

3 comentarios:

Bernardette Éscaro dijo...

¡Qué buen ganadico..., si tuviera buen pastor!
Reminiscencias de "Mio Cid". Pero en aquel tiempo no había democracia. O tenías un Señor a quien servir, o no había manera de hacer la guerra.
Hoy es distinto. Tenemos la alternativa del "voto". Cada uno demostrará "lo borrego que es" ese día. España quedará definida por la totalidad.
Confiemos en que seremos "un buen ganadico con un buen pastor".

Imperator dijo...

Me ha gustado mucho el ritmo novelesco y el "aire pastoril" del relato, que no del relator por supuesto.

Efectivamante, pronto dirán "España se prostituye en un Estado asexual y de siniestros que propugna como valores superiores de su ordenamiento jurídico la mentira, la soplapollez, la ignorancia y el caínismo"

Un saludo desde El Levante

avanti dijo...

si nos tratan como a ratas ...como ratas habría que reaccionar.
en mi opinión, sin embargo, no debe ser así.
son la cruz que ha caído en este pueblo y habrá que aguantarla...
de lo contrario...